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Mujeres Poderosas 2020: ¿Por qué no hay más multimillonarias?

Mujeres Poderosas 2020: ¿Por qué no hay más multimillonarias?
Generar riqueza no es tarea fácil y, hasta entre los más privilegiados, es un hecho que hay una discriminación intrínseca ejercida en contra de las mujeres.

La más reciente lista de “Billionaires” de Forbes documentó la fortuna de 2,095 personajes, cuya riqueza personal rebasa los 1,000 millones de dólares (mdd) alrededor del mundo.

Sin embargo, y aunque las mujeres ganan participación en la vida económica y corporativa, llama la atención que sólo 234 nombres correspondan a mujeres, un número que no presenta alzas considerables año con año.

De las 234 mujeres que han logrado ingresar al club de los multimillonarios, sólo 67 han creado sus fortunas por sí mismas, sin que la riqueza les sea heredada o forme parte de un acuerdo de divorcio.

Entre los perfiles de las millonarias, es común encontrar frases como: “Ostenta un alto porcentaje en la compañía creada por su abuelo”, “Posee tres cuartas partes, junto con su hija, de la compañía fundada por su esposo”, y otras por el estilo.

Uno de los casos más sorprendentes es el de la china Zhong Huijuan, quien, pese a haberse convertido en la millonaria self made con la fortuna más alta en la lista (17,200 mdd), su esposo, Sun Piaoyang (con una fortuna propia de 13,900 mdd), es uno de los personajes más identificados relacionados con su compañía, Hansoh Pharmaceutical. Para las mujeres, es más difícil tener movilidad social.

Lo anterior, según el estudio “Discriminación estructural y desigualdad social”, de Patricio Solís, tiene que ver con la manera como se da la entrada de la mujer a las estructuras económicas.

“A pesar de los incrementos en las tasas de participación femenina en el mercado de trabajo de las últimas décadas, las mujeres, en comparación con los hombres, reciben menores ingresos por una actividad similar, no tienen una participación equitativa en las ventajas de dignificación del empleo y, en muchos casos, carecen incluso de prestaciones y seguridad laboral”.

Sí, de entrada, las mujeres no cuentan con posibilidades de empleo digno, es más difícil que puedan generar patrimonio o riqueza desde cero.

Karla Martínez, directora de Public Engagement para Oxfam en México, explica que, al tener salarios menores, las mujeres generan menos acumulación patrimonial y menos ahorro, pues, muchas veces, destinan sus ingresos a la manutención del hogar.

“El patrimonio no está diseñado para que las mujeres puedan acceder a él. Lo vemos hasta en ejemplos de tema ejidal, donde las mujeres sólo pueden ser propietarias si la pareja fallece o son hijas de los dueños”, explica.

El estudio de Patricio Solís explica que las mujeres suelen acceder a la vida productiva en actividades que requieren menores calificaciones: enfermeras, en vez de médicos; afanadoras, en vez de operadoras; cuidadoras, trabajadoras del comercio o de servicios personales.

“La segregación ocupacional por sexo no solamente ocurre a través de los trabajos típicamente denominados como ‘femeninos’ o ‘masculinos’, también se expresa como jerarquía ocupacional: los hombres obtienen los empleos de mayor jerarquía, mientras que las mujeres se ubican en categorías más bajas”, señala.

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RIQUEZA VULNERABLE

El mayor reto no se supera cuando las mujeres logran acumular ahorros o riqueza, pues también son vulnerables a no poder sostener esta condición. El informe “Movilidad social en México: la brecha de género”, del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, arroja que, en la Ciudad de México, si una mujer nació en hogares de mayor riqueza, tendrá 11% menos probabilidades que un hombre de mantenerse ahí.

Por otra parte, si una mujer nació en condiciones de pobreza, tendrá 14% menos probabilidades que un hombre de escapar de éstas. “Un aspecto determinante en el que los roles tradicionales de género juegan un papel importante, es el caso de las mujeres con padres que laboran en el sector agrícola: ellas presentan una mayor movilidad ascendente que los hombres, ya que serán ellos quienes hereden las tierras de sus padres, y ellas buscarán ocupaciones desligadas de la agricultura, pero de baja calificación.

Trabajo Campo Agricultura - Foto gratis en Pixabay

Y, cuando los padres tienen ocupaciones manuales, la movilidad ascendente de las mujeres es tres veces menor que la de los hombres”, apunta este reporte. Las emprendedoras enfrentan obstáculos adicionales para hacer crecer sus negocios. Un estudio generado por Pro Mujer y el Instituto del Fracaso arrojaba que, en 2018, 88% de los negocios creados por mujeres en el país no tenían una constitución legal.

Las razones que aumentan la posibilidad de fracaso son que las mujeres combinan las responsabilidades del hogar y el cuidado de hijos con la actividad de su negocio, que la ubicación geográfica es desfavorable, que no tienen capacidad para otorgar financiamiento a clientes y que no tienen acceso a financiamiento sofisticado (fondos) por carecer de planes financieros.

De acuerdo con datos de Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap), únicamente 88 emprendedoras han conseguido financiamiento de fondos de capital privado de 2011 a la fecha, y sólo 28% de las empresas que reciben recursos cuentan con una fundadora o cofundadora.

La riqueza está limitada globalmente y, en México, no tiene que ver con méritos, sino con las herencias. No existe una interseccionalidad. Incluso para la acumulación básica, las mujeres se enfrentan al hecho de que los puestos con mayor remuneración les están negados porque las compañías eligen hombres, ante la posibilidad de que las mujeres quieran ser madres”, dice Karla Martínez, de Oxfam.

De acuerdo con datos de Oxfam, hay otros factores que dificultan el avance de las mujeres en el mundo, incluso en lo político, pues ellas sólo ocupan 24% de los escaños parlamentarios. Como media, en todas las regiones y sectores, el salario de las mujeres es 24% inferior al de los hombres y casi dos terceras partes de los 781 millones de personas adultas analfabetas son mujeres, proporción que se ha mantenido constante durante las dos últimas décadas.

Adicionalmente, 153 países tienen leyes que discriminan económicamente a las mujeres. En 18 de estas naciones, los maridos pueden impedir legalmente que sus esposas trabajen. En el mundo, una de cada tres mujeres sufre o sufrirá violencias machistas en su vida. De hecho, incluso un poco antes de comenzar la cuarentena asumida como medida contra la pandemia por coronavirus SARS-Cov-2, la organización Causa en Común registró, durante el primer bimestre de 2020, un aumento de 16% en el número de investigaciones por delitos de violencia en el hogar.

“Tenemos que replantearnos los conceptos de riqueza. En contextos como la pandemia que atravesamos, se hace evidente el peso del trabajo no remunerado en la economía, pues el trabajo doméstico está permitiendo que se mantenga la dinámica económica o que no caiga del todo. Hoy, todo está volcado a la actividad productiva, pero lo que sostiene al mundo es el trabajo de cuidados. Tenemos que trabajar para que la pandemia sea un factor de cambio y no un catalizador de más desigualdad para las mujeres”, advierte Karla Martínez.

Fuente: Forbes

Puebla Life

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